Cuando deseamos hacer cambios en nuestro estilo de vida y salir de la zona de confort, pensamos que lo conseguiremos a base de la voluntad.

La voluntad es la capacidad de auto controlarnos, vencer la inercia y movernos en dirección de un objetivo. Ejemplo de esto sería elegir comer ensalada cuando lo que deseamos es una hamburguesa, o despertarnos para ir a correr, cuando queremos seguir durmiendo.

Sin embargo, el concepto de voluntad es sobrevalorado e incluso mal entendido. Le atribuimos características de poder sobre humano. Creemos que quienes logran todas sus metas son superdotados y quienes no las consiguen tienen alguna carencia. La realidad es que lograr metas requiere de mucho más que fuerza de voluntad y ésta es además un recurso limitado. Podemos resistirnos a algo por un determinado tiempo y luego ya no.

Pongamos el ejemplo de una mujer que desea hacer ejercicio. Lo ha intentado antes, pero siempre termina abandonando el propósito. Decide intentarlo una vez más, así que se inscribe al gimnasio de moda. Piensa que, si paga la mensualidad, el remordimiento del gasto la hará vencer la flojera. “Intentar” y “flojera” entraron en su mente antes de iniciar. La primera semana va diario; en la segunda semana falta un día y en la tercera sólo se presenta dos veces. Siempre tiene un compromiso o se siente agotada, por lo que la ida al gimnasio pasa de primer a quinto plano. Ahora se siente culpable e incapaz de lograr sus metas. Cree que su voluntad es realmente débil. Sin embargo, este es un típico propósito que pocas veces prospera para la mayoría.

En menor o mayor grado, empleamos nuestra voluntad muchas veces a lo largo del día, desde levantarnos por las mañanas, hasta resistir decirle al jefe cuánto nos molesta. Sin embargo, esta energía se va consumiendo y eso ocurre a todos los seres humanos, incluso a los “superdotados”. Tener esto presente nos aminoraría la tendencia a la autocrítica negativa que nos hacemos cuando fallamos y el malestar que esta produce.

Y si la voluntad es limitada, ¿cómo es que algunas personas logran muchos de sus objetivos y otras tienen más dificultad? La limitada voluntad puede renovarse a través de nuestra motivación. Hay cuatro claves básicas para alimentarla.

  1. El enfoque de la motivación

Revisemos cuál es el enfoque que alimenta nuestra motivación, es decir, el por qué y el para qué de lo que queremos lograr. ¿Busco ejercitarme para verme más bella o porque me gusta sentirme activa y saludable? ¿Hago una maestría para que me reconozcan o porque tengo el genuino deseo de aprender? El enfoque puede ser desde el amor personal, como el deseo de superación y crecimiento, o desde el miedo, como el miedo a enfermar o la necesidad de aceptación. Habitualmente la energía del amor renueva nuestra motivación mejor que la energía del miedo.

  1. La distribución emocional

Un medio ambiente tenso hace que las personas sean más vulnerables a las tentaciones. Y eso puede ser el final de un buen propósito. Tenemos que elegir nuestras batallas. Por ejemplo, si tenemos dificultades en el trabajo, o con la pareja habremos de decidir cómo resolverlas para conservar nuestra energía. O si somos muy autocríticos, tal vez nos sirva entender que se vale equivocarse, asumir nuestros errores y crecer con ellos.

  1. La impermanencia del deseo

A veces tenemos que renunciar a algo para obtener otra cosa. O me entretengo en mis redes sociales, o estudio. O ahorro, o me voy de fiesta. O fumo, o le apuesto a mi salud. Es muy fácil sucumbir ante el deseo y auto sabotearnos, pero recordemos que nada dura para siempre, ni el antojo más duro, ni la tentación más fuerte. En esos momentos de ansiedad podemos respirar, calmarnos y re-enfocarnos para avanzar hacia nuestros objetivos. Y si de plano caemos, recordemos que cada momento es una nueva oportunidad para empezar de nuevo.

  1. La energía del hábito

Además de voluntad necesitamos de la energía del hábito. Así como los malos hábitos son automáticos, los nuevos hábitos pueden automatizarse a base de disciplina y repetición. Cuando dejamos de fumar, el hábito de encender el cigarro es reemplazado por el hábito de abstenerse. Esto se consigue perseverando y se vuelve más fácil al paso del tiempo.

En resumen, no todo es voluntad. Si de lograr objetivos se trata, necesitamos enfocarnos y confiar en nuestras capacidades, alimentar con amor personal nuestra motivación para hacer frente a los obstáculos en el camino hacia una vida más plena, sana y feliz.

¿Alguna vez te has sentido fracasado por tirar lo toalla y creer que no tienes voluntad?

¿Te motivaría el reconocer el gran valor que tiene todo lo que sí haces?

Escrito por: Claudia Vega

2018-01-03T04:21:30+00:00

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